En Tepoztlán, las montañas no son solamente el fondo de las casas. Forman parte de la manera en que el pueblo recuerda su origen y reconoce a sus protectores. Entre sus peñas vive la historia de un niño al que intentaron abandonar y que terminó enfrentándose a un poder temido por toda una región. Su nombre cambia ligeramente de una narración a otra: Tepozteco, Tepoztécatl. Su hazaña conserva una misma certeza dentro del cuento: el pequeño que parecía indefenso podía salvar a quienes lo habían salvado.
Las versiones que cuentan su nacimiento lo presentan como un ser extraordinario. Su llegada incomodó a quienes no comprendían su origen y quisieron deshacerse de él. Lo dejaron donde pensaron que no sobreviviría, pero la naturaleza se comportó de otra manera. Las hormigas no lo destruyeron y el maguey, en vez de herirlo, lo protegió entre sus pencas y le ofreció aguamiel. Antes de pronunciar una palabra, el niño ya tenía aliados fuera de la casa que lo rechazaba.
Después lo colocaron en el agua, dentro de una caja que debía alejarlo para siempre. La corriente cumplió una parte de esa intención, pero no la más importante. En lugar de entregarlo a la muerte, lo llevó hasta una pareja de ancianos. Ellos lo encontraron y decidieron recibirlo. El agua que había parecido una despedida se volvió el camino hacia una nueva familia.
El muchacho creció con esa pareja. Aprendió a observar la tierra, a reconocer lo que podía utilizar y a vivir entre personas que no le exigían demostrar de dónde venía para quererlo. Su fuerza no era solamente la de un cuerpo excepcional. Tenía la inteligencia de quien ha descubierto que una piedra, una planta o una corriente pueden cambiar el destino si se entiende su naturaleza.
Pero una amenaza dominaba la región. En Xochicalco, dice la tradición, vivía un devorador al que algunos narradores llaman Xochicácatl y otros presentan como monstruo o señor tiránico. Exigía víctimas para saciarse. La gente vivía bajo la obligación de entregar a sus ancianos, y cada turno de tributo abría una herida en las familias. Resistirse parecía imposible: nadie había regresado para explicar cómo derrotarlo.
Un día le tocó partir al padre adoptivo del Tepozteco. El joven comprendió que la amenaza había llegado hasta la misma persona que lo había recogido del agua. No aceptó que la gratitud quedara limitada a llorar su pérdida. Se ofreció para ir en su lugar. Antes de marcharse, en una de las variantes, dejó una señal para tranquilizar a sus padres: si lograba vencer, verían elevarse humo blanco.
En el camino recogió fragmentos de obsidiana. No parecían un ejército ni una gran arma, pero sus bordes cortantes eran suficientes para el plan que había imaginado. El enemigo esperaba recibir a un anciano sin resistencia y encontró a un joven. Se irritó, aunque su hambre terminó por imponerse a cualquier duda. El Tepozteco consiguió que lo devorara entero, llevando consigo las piedras que había guardado.
Dentro del monstruo comenzó la verdadera batalla. Aquello que desde fuera parecía una derrota se convirtió en la única forma de acercarse a su vulnerabilidad. El joven utilizó la obsidiana para abrirse paso y salir. El devorador cayó, y con él desapareció la obligación que había mantenido a la gente aterrorizada. La fuerza que consumía a los pueblos no pudo defenderse de la astucia de una sola víctima que se negó a obedecer el papel que le habían impuesto.
Cuando el humo blanco se levantó, los ancianos comprendieron que el muchacho vivía. El regreso no fue solamente el de un hijo a su casa. Fue la noticia de que la región podía dejar de entregar a sus mayores. El niño abandonado había crecido hasta convertirse en protector, y la familia que lo recibió encontraba ahora en él la respuesta a su propia generosidad.
El lugar y sus versiones
La tradición del Tepozteco contiene ciclos distintos: nacimiento, enfrentamiento con el devorador y otros episodios relacionados con la identidad religiosa de Tepoztlán. Aquí se desarrolla el ciclo del héroe y Xochicalco. Los personajes y las señales cambian entre versiones; no debe confundirse este relato con una descripción histórica de los sacrificios en la zona arqueológica.
