Los relatos de la zona maya advierten que no todo lo que parece hermoso desea hacer bien. Quien vuelve de noche por un camino del monte puede encontrar una figura junto a la ceiba: una mujer de cabello largo que se peina y espera. El viajero podría pensar que alguien necesita ayuda o que una compañía inesperada aliviará el camino. La tradición invita a desconfiar de esa primera impresión, porque la mujer puede ser la Xtabay.
Para comprender su origen, una versión cuenta la historia de dos mujeres que vivieron en un pueblo cuyo nombre no se conserva. A una la llamaban Xkebán y la juzgaban por su vida amorosa. La otra, Utz-Colel, gozaba de una fama de virtud. Los vecinos creían saber cuál de las dos merecía respeto. Habían aprendido a mirar la conducta exterior y a repetir los nombres que la comunidad daba a cada una, sin detenerse demasiado en lo que ocurría cuando alguien necesitaba ayuda.
Xkebán era compasiva. Socorría a quienes sufrían y no evitaba acercarse a los enfermos o a los animales abandonados. Utz-Colel, por el contrario, podía conservar una apariencia intachable mientras rechazaba la necesidad ajena. El corazón de una y la reputación de la otra parecían andar por caminos distintos. La leyenda no necesita un tribunal para mostrarlo. Le basta poner a una persona desvalida ante ambas y preguntar qué respuesta encontraba.
Un día Xkebán dejó de salir de su vivienda. Había muerto. Desde el lugar empezó a extenderse un aroma agradable, y su tumba se cubrió de flores. La vida que tantos habían criticado dejó una señal de dulzura. Utz-Colel no quiso aceptar lo que esa señal parecía decir. Para ella, la buena fama debía valer más que los actos de una mujer a la que había despreciado. Esperaba que su propia muerte recibiera un reconocimiento todavía mayor.
Pero cuando murió, su cuerpo despidió un olor desagradable. La floración de su sepultura no repitió la delicadeza de la otra. La tradición opone el xtabentún, nacido de la tumba de Xkebán, a una planta espinosa asociada con Utz-Colel. Aquello que cada una había guardado por dentro reapareció de otra manera después de la muerte. La apariencia de virtud no pudo convertir en generosidad un corazón que no la había practicado.
De Utz-Colel surgió, en esta versión, la presencia conocida como Xtabay. La belleza regresó, pero no la compasión. Desde entonces aparece ante caminantes para atraerlos hacia el monte. Su larga cabellera y su figura pueden hacer que el viajero olvide observar aquello que la delata. Algunas narraciones hablan de pies extraños, ocultos entre las raíces o difíciles de distinguir bajo el vestido. El encanto funciona precisamente mientras el hombre mira solamente lo que desea mirar.
La Xtabay no necesita apresurar el encuentro. Espera, se deja ver y permite que el deseo del caminante haga el resto. Si él se acerca, la seguridad del sendero empieza a perderse. Si la sigue, cada paso lo aparta de las señales que reconocía. La voz, el canto o la promesa de compañía lo llevan hacia una presencia cuya belleza no tiene la misma intención que su rostro. Lo que parecía una invitación termina siendo una trampa.
El desenlace es oscuro. Las versiones de Felipe Carrillo Puerto y otros pueblos de la región cuentan que la Xtabay pierde a los hombres en la selva y puede llevarlos a la muerte. No ofrece el amor que aparenta. Busca someter a quien ha dejado de distinguir entre una persona y un ser que pertenece al ámbito del espanto. El caminante descubre demasiado tarde que haber sido elegido no significa haber sido querido.
Los relatos también hablan de quienes consiguen romper el engaño. La prudencia, el reconocimiento de sus rasgos y los conocimientos transmitidos por los mayores pueden salvar al viajero. No existe una única defensa repetida del mismo modo en todas las comunidades. Lo que comparten esas versiones es la importancia de advertir el peligro antes de seguirlo. El regreso a casa permite que el sobreviviente cuente lo vivido y que la advertencia llegue a otra generación.
En Felipe Carrillo Puerto la Xtabay ha pasado de la palabra familiar a la pintura y a las expresiones culturales. Pero su fuerza no depende de quedar fijada en una sola imagen. Sigue siendo la mujer que parece ofrecer cercanía y termina abriendo una distancia imposible. Su historia comienza juzgando mal a dos mujeres y termina pidiendo al caminante que no cometa el mismo error: confundir la belleza y la reputación con aquello que una presencia lleva realmente en el corazón.
